Las obras que no se ven… pero que se sienten
Subrayado y con Negritas.
Por Gerardo Castro Ruiz.
En tiempos donde la política muchas veces se mide por lo que brilla, lo que se corta con listón y lo que genera likes en redes sociales, es reconfortante ver que en Navojoa se están ejecutando obras que no se ven, pero que se sienten. Así lo expresó, con toda razón, el alcalde Jorge Alberto Elías Retes al referirse al arranque de la rehabilitación de los cárcamos sanitarios Nogalitos e Industrial, un proyecto vital pero poco lucidor, financiado con más de 5 millones de pesos del Gobierno del Estado.
Sí, se trata de cárcamos sanitarios, esas estructuras que jamás serán portada de revista, pero que definen la salud pública de una ciudad. Gracias a esta obra, más de 56 mil habitantes del oriente de Navojoa podrán vivir sin el riesgo constante de colapsos en el drenaje y con un sistema de aguas residuales que funcione con eficiencia. Nada menor.
Lo que hace aún más relevante esta intervención es que se está atendiendo una necesidad históricamente olvidada. ¿Cuántos gobiernos pasaron sin meterle mano a esa infraestructura? ¿Cuántas veces los ciudadanos escucharon promesas y vieron cómo el drenaje seguía igual? Hoy, el Gobierno de Elías Retes responde con acciones concretas y tangibles.
Hay que decirlo también: esto no es obra solo del municipio. El respaldo del gobernador Alfonso Durazo Montaño, a través del secretario de Bienestar Fernando Rojo de la Vega Molina, es clave. Su insistencia en hacer del 2025 el Año del Agua no puede quedarse en lema; debe convertirse en un compromiso permanente de inversión en infraestructura hidráulica, sobre todo en el sur de Sonora.
Claro que no todo está resuelto. Aún falta mucho por hacer en redes secundarias, mantenimiento preventivo y, sobre todo, cultura ciudadana en el uso de estos servicios. Pero este arranque es una señal de que cuando los tres niveles de gobierno trabajan de manera coordinada, sí se pueden concretar obras necesarias y urgentes.
Al final, lo importante no es que estas obras se vean, sino que cumplan su función: evitar enfermedades, mejorar la calidad de vida y dignificar el entorno de los barrios más desprotegidos. Que se hagan sin reflectores, sin protagonismos, pero con eficiencia y compromiso.
Porque en el Navojoa que todos queremos, también vale más una calle sin aguas negras que una selfie con banda de música.


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