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El Relevo Generacional va en la cabeza, no en el acta de nacimiento


El Relevo Generacional va en la cabeza, no en el acta de nacimiento

Subrayado y con negritas

Por Gerardo Castro Ruiz.


En estos días donde la palabra “relevo” se vuelve consigna, estrategia, y hasta promesa de campaña, conviene preguntarnos, ¿Qué significa realmente un relevo generacional en la política?


Muchos lo entienden como un cambio de estafeta entre viejos y jóvenes, como si el simple hecho de poner a alguien menor de 35 en una boleta fuera garantía de renovación. Pero no es así. Porque el verdadero cambio no está en la fecha de nacimiento, sino en la manera de pensar, de escuchar, de hacer política.


En México hemos tenido figuras jóvenes que llegaron a cargos importantes con la bandera del cambio, pero pronto se mimetizaron con lo peor del sistema, el clientelismo, el culto a la personalidad, la simulación. Jóvenes que repiten discursos reciclados, que practican la verticalidad disfrazada de inclusión, que se visten de pueblo pero piensan y actúan como la vieja clase política. A ellos vale la pena decirles con claridad: se es dinosaurio no por viejo, sino porque la mentalidad no ha evolucionado.


Y también es justo reconocer que hay políticos de edad avanzada que siguen caminando comunidades, abriendo espacios, escuchando con humildad y actuando con consecuencia. El relevo generacional no puede entenderse como una pugna entre edades, sino como una evolución de fondo en las mentalidades y en la cultura política.



Una invitación a todas las generaciones



Esta es una invitación, no una condena. Una oportunidad para que las juventudes asuman su papel con visión, no con ambición. Para que entiendan que no basta con tener redes sociales activas o buena imagen. Lo esencial es tener proyecto, convicciones y un compromiso con el bien común que no se doblegue ante la tentación del poder.


Y también es una invitación para quienes han estado en la política por décadas, para que no vean el relevo como una amenaza, sino como una transición necesaria. Que no lo vivan con miedo ni con soberbia, sino como un legado que puede enriquecerse si se combina experiencia con nuevas miradas.


El relevo generacional también interpela a todos los partidos políticos. No se trata de usar a los jóvenes como escaparate, ni de colocarlos como ficha de ajedrez en una estructura que no están llamados a transformar. Se trata de abrir el juego, de ceder espacios reales, de permitir que nuevas formas de liderazgo germinen, incluso cuando cuestionan lo que siempre se dio por sentado.



La transformación no debe ser cosmética



Si de verdad queremos un relevo generacional en Morena —y en todo el país— hay que tener claro que no puede ser una operación de maquillaje, ni una campaña de marketing. Tiene que ser una transformación profunda en las formas de decidir, de participar, de gobernar.


Un relevo generacional auténtico no elimina a nadie. Integra. No se basa en una fecha de nacimiento, sino en una forma de entender el poder como instrumento para servir, no para servirse.


La pregunta no es si tenemos suficientes jóvenes en la política. La pregunta es si tenemos suficientes mentalidades nuevas.


De nada sirve un joven candidato que piensa como cacique, ni un viejo lobo que se niega a evolucionar. Este país necesita menos dinosaurios… y más generaciones de mentalidad moderna.



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