LO NUEVO
latest

El verdadero reto de un alcalde honesto


El verdadero reto de un alcalde honesto

Subrayado y con negritas.
Por Gerardo Castro Ruiz

En la política municipal la honestidad personal del alcalde es apenas el punto de partida. No basta con que el presidente municipal sea un hombre o mujer intachable si a su alrededor pululan colaboradores que ven en el cargo una oportunidad para construir fortunas rápidas. La historia reciente de México está plagada de funcionarios que con cinismo estrenaron casas, terrenos o vehículos de lujo que no corresponden ni de lejos a su salario. El resultado siempre fue el mismo, el descrédito del gobierno en su conjunto y el desgaste inmediato del proyecto político que lo llevó al poder.

La ciudadanía no distingue entre el alcalde y su equipo. Cuando un tesorero, un director de Obras Públicas o un regidor aparece súbitamente con un patrimonio inexplicable, el juicio social es inmediato y demoledor: “todos son iguales”. Así se pierde en cuestión de meses lo que se había ganado con esfuerzo en cercanía, gestión y resultados. Y peor aún, se enciende la chispa del hartazgo que en 2018 derrumbó a los gobiernos del pasado y abrió de par en par la puerta a la Cuarta Transformación.

Un alcalde debe ser vigilante de sí mismo, pero también guardián férreo de la integridad de quienes lo rodean. La transparencia empieza por casa, con declaraciones patrimoniales públicas de todo el gabinete, auditorías internas permanentes y la certeza de que quien se equivoque no recibirá protección política. Gobernar exige lupa hacia afuera, pero sobre todo espejo hacia adentro. Porque la corrupción de un colaborador se convierte en corrupción del propio alcalde a los ojos del ciudadano.

La honestidad por sí sola no garantiza el respaldo ciudadano. La gente vota por quien resuelve, escucha y cumple. Por ello, todo gobierno municipal que busque conservar la confianza y asegurar la preferencia electoral a favor del movimiento de la Cuarta Transformación debe regirse por Los once mandamientos del alcalde, principios que no admiten excepción.

1. Servir y no servirse

El presupuesto no es patrimonio privado ni una bolsa de oportunidades para enriquecerse. Cada peso que ingresa al municipio debe reflejarse en calles, agua, servicios y bienestar. El alcalde que olvida que el dinero es del pueblo abre la puerta a la desconfianza y se convierte en cómplice de la corrupción.

2. Transparencia real

No basta con subir cifras maquilladas a un portal. La transparencia es entregar cuentas claras, contratos accesibles y licitaciones limpias. La gente exige saber dónde y cómo se gasta el recurso. Un gobierno que esconde la información pierde el derecho a pedir confianza.

3. Servicios básicos primero

El ciudadano no mide la grandeza de su gobierno por monumentos ni por obras de relumbrón, sino por la luz que enciende su calle, el agua que corre en su llave y la basura que desaparece puntualmente. Abandonar lo básico por proyectos de vanidad ha sido el error que más castiga la gente en las urnas.

4. Prometer solo lo viable

Las promesas vacías son el veneno de la política. Es preferible comprometerse con pocas metas y cumplirlas que anunciar cien obras imposibles. La credibilidad no se mide en discursos, sino en resultados palpables. Quien promete lo que no puede cumplir se condena a ser recordado como un mentiroso más.

5. Cercanía permanente

Un alcalde no debe encerrarse en la oficina ni delegar la calle a sus subordinados. La autoridad se construye escuchando en colonias, barrios y comunidades, cara a cara con los problemas. El político que se esconde tras un escritorio demuestra miedo, y el miedo en política siempre acaba en derrota.

6. Distribución justa

Los municipios no se reducen a su cabecera. Las comunidades rurales, las comisarías y las colonias marginadas son parte esencial del territorio. Destinar todo el recurso al centro es sembrar desigualdad. Un alcalde justo reparte la obra y los programas con equilibrio para que nadie se sienta ciudadano de segunda.

7. Planeación y no ocurrencias

Los proyectos deben responder a un plan de desarrollo, no a caprichos personales. Gobernar con ocurrencias es un lujo irresponsable que tarde o temprano paga el pueblo. La planeación da rumbo, evita improvisaciones y convierte cada peso en inversión real.

8. No hipotecar el futuro

Endeudarse sin medida es condenar a las próximas generaciones. Un crédito solo tiene sentido si financia obras que generen desarrollo a largo plazo. Lo contrario es gastar el dinero de mañana para presumir logros hoy, una trampa política que siempre deja huella amarga.

9. Institucionalidad sobre intereses partidistas

Un alcalde gobierna para todos, no solo para quienes lo apoyaron en campaña. Convertir los programas sociales en botín político es traicionar la confianza del pueblo. La fuerza de un gobierno se mide en su capacidad de unir, no de dividir.

10. Rendir cuentas y corregir a tiempo

Aceptar errores y rectificar es señal de madurez política. Ocultar fallas o culpar a otros solo agrava los problemas. El ciudadano respeta más al gobernante que reconoce un tropiezo y lo enmienda que al que presume infalibilidad mientras la realidad lo desmiente.

11. Vigilar con lupa la honestidad del equipo

El alcalde no solo debe ser honesto, sino asegurarse de que su gabinete también lo sea. Si uno o varios funcionarios súbitamente aparecen con casas, terrenos o lujos injustificables hunde a todo el gobierno. La corrupción de un colaborador es la corrupción del alcalde ante los ojos del pueblo. Quien no vigila a su equipo termina siendo víctima de su propia omisión.

La Cuarta Transformación se sostiene en la promesa de ser distinta a los gobiernos que traicionaron la confianza de la gente. Pero si en los municipios se repiten las viejas prácticas, la ambición personal de unos cuantos volverá a imponerse sobre el interés común y no habrá narrativa que alcance para detener el desgaste ni discurso que convenza a un electorado cada vez más crítico.

El alcalde que entienda que la política es un acto de servicio y que se atreva a poner lupa no solo en los problemas del pueblo sino también en las manos de quienes lo rodean será quien logre conservar la confianza ciudadana. De lo contrario la historia volverá a repetirse y con ella llegará el rechazo social que no perdona y que derrumba gobiernos y partidos enteros.

« PREV
NEXT »

Facebook Comments APPID